Viernes, 20 de noviembre de 2009
La tierra del exilio
Léase 2ª a los Corintios 1.3-7
Él nos consuela... para que nosotros podamos consolar también a los que sufren...
-– 2ª a los Corintios 1.34 (VPEE)
LA muerte de mi único hijo me dejó en el exilio en un lugar lleno de espacios vacíos: de tristeza y de pérdida. Me percaté de que nunca lo vería casado, con hijos o alcanzando sus sueños.
Mientras pasaba por este camino de dolor, mi travesía se ha cruzado con otras personas cuyos hijos han fallecido. Hemos llorado y orado juntos. Hemos desarrollado una relación que alienta y provee el consuelo que no puede ser hallado en otro lugar. Ahora las lágrimas que una vez vinieron por la angustia han comenzado a fluir en forma nueva, suavizadas por el consuelo y la sanidad que viene con el tiempo.
Otras madres que han pasado por la misma experiencia han ofrecido su tiempo y su amor para ayudarme a «normalizar» de modo que pueda cumplir las tareas diarias. A la vez, he sido fortalecida para ofrecer el mismo amor a nuevas mujeres exiliadas que se cruzan en mi camino. Mis momentos de oración ahora incluyen mi clamor por ese tiempo en sus lugares vacíos. Mi sanidad en esta tierra del exilio me ha dado la oportunidad para ofrecer apoyo y consuelo a otras personas. El orar por la sanidad de otra persona me ayuda a sanar.
Sra. Janet Huff (Illinois, EUA)
Oración:
Señor, capacítanos para llevar tu paz y tu consuelo a quienes están exiliados. En tu nombre oramos. Amén.
|
PENSAMIENTO PARA EL DÍA
El orar por la sanidad de otras personas nos ayuda a sanar.
|
OREMOS:
Por los grupos de apoyo para quienes sufren.